www.nuevosairesportal.com.ar | Edición Nº 63 | Marzo de 2024

24 de Marzo de 2024 Miles de personas –en todo el país- gritaron: ¡La Patria no se vende!


  • “El Nunca Más fue un compromiso sellado con lo más hondo de nosotros, porque la palabra genocidio incluye imágenes de un horror salvaje, inhumano, fanático, bajo cuyo influjo toda vida desfallece. El Nunca Más fue una puesta en valor de la vida. La vida de todos. Los que están de acuerdo con nosotros y los que están en contra. El Nunca Más también es una reivindicación de la política, porque si no hay política, hay dictadura”. (Sandra Russo, “Página/12”, 23-3-2024)

El día amaneció como si fuera un cómplice inevitable, a pleno sol. Y ya en la Plaza de Mayo estaban todos los participantes conmovidos hasta las lágrimas; así podía observarse la presencia de abuelos, padres, hijos, nietos. Todos habían salido a la calle. La Argentina, en una demostración histórica de su dinámica político-social, ponía de manifiesto a los pueblos de América Latina y el Mundo, que nada está perdido, y que más tarde o más temprano, la Patria de San Martín y Belgrano regresará envuelta en la bandera azul y blanca en manos de las nuevas generaciones, para continuar con el proyecto esperanzador de nuestros antepasados que de este modo lo soñaron: Con Estado de Bienestar, Justicia Social, Derechos Humanos, Educación Pública y gratuita, respeto a las organizaciones sindicales y a las de índole social, Política Internacional de carácter pacífico y de solidaridad activa con nuestros hermanos del Continente. Todas estas cuestiones quedaron reflejadas en los cantos que emitieron las multitudes que iluminaron así el paisaje de la enorme mayoría de las plazas de nuestra Nación. Como corolario, permitan que el cierre de este tumulto de palabras saturado de una emoción inevitable, quede a cargo de una compañera y Madre de Plaza de Mayo, como lo es la querida Taty Almeida, cuyas reflexiones son un símbolo apasionado y de futura perspectiva, necesario en estos días que nos tocan vivir. “Vamos a seguir cuidando a la Democracia en la Argentina y en toda la Patria Grande, siempre, porque cuando lo hacemos estamos homenajeando la memoria de quienes lucharon por una Patria libre, justa y solidaria; porque cuando lo hacemos reclamamos que se terminen las prácticas y discursos de odio y negacionismo, porque queremos un pueblo feliz y para eso tiene que haber pan, paz, trabajo y libertad”. (Taty Almeida)

 


Nos vamos a Marzo
Al cierre

El adiós a un compañero inolvidable *FALLECIÓ ANTONIO J. GONZALEZ* Octubre de 1965. Un tiempo humedecido por las lluvias utópicas del Mayo Francés, los bigotes repulsivos de Onganía y los fuegos estimulantes del Cordobazo y su líder Agustín Tosco. En esos días, en la Sociedad de Fomento de mi barrio de Crucecita y en una jornada cultural, conocí al "Flaco" Antonio. A partir de allí, juntos con Julio Bruno y Horacio Ortiz, creamos la revista "Suburbio" y el "Centro de Cultura Popular". De allí que tanto me duele su partida. Por eso, nunca tuve dudas: *Hermano de corazón y pensamiento como Antonio González, es una de las mejores cosas que me brindó la vida.*

Horacio Ramos

24 de Marzo de 1976

“Las Fuerzas Armadas han asumido el control de la República. Quiera el país comprender el sentido profundo e inequívoco de esta actitud, para que la responsabilidad y el esfuerzo colectivo acompañen esta empresa que, persiguiendo el bien común, alcanzará con la ayuda de Dios, la plena recuperación nacional”.

Así, con un grado de cinismo que abrumaba, “los salvadores de la Nación”, pretendieron justificar un golpe de Estado que auguraba un tiempo de horror que luego superaría todo lo imaginable. No obstante, ese día tenía casi un olor a regocijo para mí: era 24 de marzo de 1976, y en el diario “La Ciudad” de Avellaneda, publicaban “Otoñal”, un poema concebido en la ochava más “querendona” de mi alma. Por supuesto, quién habría pensado que, de ahí en adelante, jornadas de sangre cubrirían la tierra de los argentinos. Fueron años de mordaza y terror. La muerte, envuelta en su encaje raído, derramaba su saliva viscosa sobre el signo más virginal: la juventud. Viajera nocturna, asolaba el cielo de los barrios, para arrojar a la hoguera los pájaros dormidos, cortándoles –una a una- las vértebras del sueño. Al respecto, uno piensa que el olvido, esa flor mustia que sólo habita en los camposantos, suele nutrirse del cansancio de los hombres que tienen su conciencia en cuclillas y el corazón alquilado por la escarcha.