NUEVOS AIRES EDICIÓN Nº 25  | ABRIL DE 2020
 
 

Bilingüismo en la educación del niño sordo

 

Alejandra Ramos*

El bilingüismo, como su nombre lo indica, supone la presencia de dos lenguas. En el caso de la educación del niño sordo, este bilingüismo tiene características particulares, ya que el niño sordo es un niño particular, un niño diferente y, por lo tanto, hay que pensar en una escuela diferente. Esta necesidad se comprende evocando los Derechos Humanos y, más especialmente, los Derechos del Niño, donde se debe tener en cuenta el derecho a la diferencia, así como el derecho a la tolerancia.
Desde lo personal, creo que hay que ver qué es lo más importante. En qué diferencia voy a fundamentar mi idea para ofrecer una alternativa en la educación del niño sordo. Primero, aunque esto parezca una redundancia, el niño sordo es diferente porque, efectivamente, no oye. En consecuencia, no puede construir su lengua oral por sí mismo, es decir, no puede recrear él solo el código lingüístico de su entorno que es oyente. Además, en el noventa por ciento de los casos, es un niño que nace en hogar oyente, o sea, él no habla la lengua de sus padres y éstos no hablan una lengua accesible para el niño, situación que provoca diversos conflictos.

 

La relación padres oyentes-hijo sordo, genera una gran incompatibilidad y esto deviene en angustias, ansiedades, etc. Desde este punto de vista, se podría analizar a este niño sordo como alguien que habita “un mundo de silencio”. Pero al mismo tiempo, al vivir en un hogar de padres oyentes y en una sociedad mayoritariamente oyente, se puede decir que habita “el mundo de los oyentes”. Hasta ahora, la escuela (en forma consciente o no) se hizo cargo de esta incompatibilidad entre el “mundo de los oyentes” y el niño sordo. Durante muchos años el aprendizaje de la Lengua de Señas y su implantación en el ámbito escolar y familiar, ha sido, y lo es en amplios sectores, considerado “perjudicial” para la adquisición y desarrollo del lenguaje oral y, por ende, “no beneficioso” para la integración del sordo al “mundo oyente”.
Las razones que condujeron a descartar la utilización de la Lengua de Señas en el proceso educativo del niño sordo, se debe, fundamentalmente, al temor de profesores y padres por el supuesto “peligro” que su conocimiento y empleo ocasiona en la oralización. Este “temor” es el que impide la inclusión de la Lengua de Señas en la escuela y el hogar. De todas formas, los resultados obtenidos con una educación basada sólo en el oralismo, no fueron satisfactorios en la mayoría de los casos, llevando a muchos profesionales a replantearse esta situación y a buscar otros caminos que, sin dejar de lado el método oral, pudieran acelerar el desarrollo comunicativo y mejorar el nivel cognoscitivo, lingüístico, social y emocional del niño sordo.

 

Sabemos que, a pesar de las prohibiciones, el sordo siguió usando sus manos para comunicarse, dentro y fuera de las escuelas, y que también los niños sordos, hijos de padres sordos que dominan perfectamente la Lengua de Señas, resultan ser los mejores oralizados. Entonces, contrariamente a lo que algunos piensan, el uso de las Señas incrementa y facilita el aprendizaje. Además, el niño sordo siente placer por aprender, porque está aplicando algo que le es propio, que él entiende y le resulta sencillo y natural. De ahí que la escuela bilingüe se plantea la necesidad de tener un equipo de docentes que sean bilingües. De este modo, se crea un clima, un pequeño universo, a partir de los adultos, sean estos oyentes o sordos. Los adultos sordos están allí como hablantes nativos de la Lengua de Señas. Los profesores oyentes actúan como hablantes de la Lengua de Señas para emplearla para que la comunicación sea óptima y, asimismo, están los especialistas que se ocupan de que el niño sordo aprenda la Lengua Oral, (por eso hablamos de bilingüismo, conjunción de oralismo y Lengua de Señas). La escuela bilingüe tiene como objetivo darle al niño sordo la Lengua materna (primaria), que garantiza el desarrollo del conocimiento en los términos adecuados y, por otra parte, se va hacer cargo de que aprenda la Lengua Oral, como una segunda lengua o lengua extranjera.
Por supuesto, los padres están involucrados en el trabajo de la escuela bilingüe, ya que ésta les deberá posibilitar el estudio de la Lengua de Señas. Una educación bilingüe para el sordo significa: reconocer y aceptar que él tiene una lengua que le es propia, la Lengua de Señas.
Es una lengua de minorías, pero ya que el niño sordo es un niño “diferente”, la Lengua de Señas es indispensable, no hay opciones. Es la base, la condición, porque es sordo y “la sordera” crea barreras que las mismas comunidades no oyentes han enfrentado. Queremos insistir en esto: el ser humano puede adquirir cualquier sistema lingüistico. Una prueba de ello es, por ejemplo, la invención universal de la escritura.

Las personas sordas, simplemente, utilizan esta fascinante facultad y crean la Lengua de Señas. ¿Esta sociedad les aceptará ser ellos? ¿Les admitirá desarrollarse en los distintos medios? Sólo el tiempo nos demostrará si hay un verdadero cambio de conciencia.

 

 

*Profesora de Educación Especial (en sordos e hipoacúsicos) y es Intérprete del Lenguaje de Señas.