NUEVOS AIRES EDICIÓN Nº 33  | DICIEMBRE DE 2020
 
 

GRONDONA

El ferretero de Sarandí

 

Antonio J. González

Julio Humberto Grondona, fallecido por una insuficiencia cardíaca, cambió a lo largo de sus 35 años como presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) el paradigma del dirigente de fútbol con una visión política y económica de la función hasta entonces inédita en el país.

Pero antes de dedicarse de lleno a la dirigencia en el fútbol, Don Julio estuvo al frente de una ferretería desde el fallecimiento de su padre. Se dice que desde ese lugar durante su mandato en la AFA se manejaban varios asuntos del fútbol.

Ubicada en la calle Independencia al 500, barrio de Sarandí, es “La” ferretería de la zona. Aún cuenta con el cartel de la inauguración en 1923 “Lombardi y Grondona, materiales para la construcción y artículos para el hogar”.

Los entendidos dicen que desde este local se creó “medio Sarandí”. Por lo menos fue el nacimiento del imperio familiar, donde Julio Grondona nació en 1931 y a partir de donde comenzaron su vida de negocios y comercio. En ese entonces, arriesgados, fiaban y arreglaban pagos a largo plazo. De este modo, se hicieron querer en el barrio. Y luego en el poder de la AFA.

Bajo la política “te presto ahora y me lo devolvés cuando puedas” administró la Asociación del Fútbol Argentino y transmitió todo el negocio familiar al escritorio del poder.

Su esposa Nélida atendía el local desde que fueron novios. Actualmente el negocio es un imperio: ocupa las dos veredas de Independencia al 500, entre Comodoro Rivadavia y Almirante Solier. El edificio principal es blanco y sus dos pisos son los más altos de la cuadra.

Para los que la conocen y para los que no, pasar por la ferretería es una atracción obligada, casi un hito turístico. El camión del local es celeste y rojo, fiel a los colores de Arsenal.

Grondona fue un apasionado del fútbol que ensayó sus primeros pasos en la tarea dirigencial como fundador y titular de Arsenal de Sarandí, un modesto club de pocos hinchas, que emergió del fútbol amateur y llegó a ser campeón nacional e internacional durante su gestión al frente de la AFA.

Trabajó durante 19 años en la institución del Viaducto hasta que dio el salto al club de sus amores, Independiente, donde asumió como presidente en 1976.

 

En los tres años previos a su asunción en la AFA, Grondona mostró toda su habilidad como dirigente, consagró al “Rojo” dos veces en los Nacionales de 1977 y 1978, y trabó relaciones políticas que lo postularon para la dirección de la Casa Madre después del Mundial Argentina 1978, en reemplazo de Alfredo Cantilo, el protegido del represor vicealmirante Carlos Lacoste.

Desde los albores de su presidencia, Grondona propuso un modelo de gestión personalista que fue característica distintiva de su construcción como dirigente, ejerciendo un poder sin oposición sostenida en el tiempo desde que asumió el cargo en 1979 hasta el final de sus días.

“Sí, Don Julio” repitieron durante más de tres décadas sus pares del Comité Ejecutivo para garantizarse una buena relación con el jefe supremo, que en paralelo al crecimiento de su figura en el ámbito local aumentó su influencia en la FIFA hasta llegar a la vicepresidencia.

El hombre de Sarandí experimentó sus primeros éxitos como directivo con la explosión de Diego Maradona, con quien tuvo una relación pendular, terminando enemistado luego de tratarlo públicamente como “un hijo” en diferentes etapas de su ciclo. Diego le dio el primer título mundial juvenil en Japón 1979, repitiendo con el seleccionado mayor en México 1986, donde se obtuvo el segundo y último título mundial.

También durante su ciclo se alcanzó el oro olímpico, una de las grandes asignaturas pendientes que tenía el fútbol argentino a lo largo de toda su historia, y se consiguieron cinco campeonatos mundiales sub-20, cuatro de ellos durante la “era Pekerman”, entrenador convocado por Grondona cuando era un completo desconocido hasta para el público futbolero de la Argentina.