NUEVOS AIRES EDICIÓN Nº 25  | ABRIL DE 2020
 

Frocari Rinaldi: Un poeta lunfardo en los suburbios de Roma

 

Antonio J. González

“La ciudad no ha despertado todavía. / Las poleas de las fábricas duermen / junto a las chimeneas vacías” decía el poeta en 196l, cuando todavía caminaba por las calles de Avellaneda con su paso lento, escudriñador,“buscando verdades” en todos los rincones.”Un paso más y tropezaré / con el día prometido” se esperanzaba. Era actor con una intensa participación escénica en teatros independientes de Buenos Aires y con protagonismo permanente en el sindicato profesional. Había publicado dos libros. “La rama verdecida” en 1959 y dos años después “Al costado de la anoche”. No era sencillo caminar a su ritmo, sintonizar sus frecuencias tan variables, pero sus amigos lo hacíamos. Por ese entonces vivía con sus padres en un corto pasaje de Crucecita y ambos encontrábamos refugio en publicaciones, actos literarios y exposiciones del libro de nuestra ciudad.
Por su personalidad irreverente e inconformista  no era fácil retenerlo, fijarlo a un lugar, asentar sus raíces en proyectos estables. Integraba el grupo de poetas y escritores que editaba la revista “Vuelo” en Gente de Arte y trabajamos juntos en las históricas jornadas de la Semana de la Cultura a partir de 1964 y otras actividades periodísticas e institucionales. Pero él, Raúl Frocari Rinaldi, no era hombre de amarrarse a un muelle y su barco un día puso proa hacia Italia. Partió como quien va en busca de un horizonte más luminoso. Su ascendencia le ayudaba y sus contactos con amigos italianos hicieron posible el viaje.
Hasta que luego de unos años volvió deshilachado de nostalgia. Caminó nuevamente por las calles de nuestra ciudad, “un punto lacerado pero no muerto, y fue una vez más a Junín,  el terruño donde había nacido en 1927. Mientras tanto escribía poesía y teatro, traducía textos editados en Europa y diseñaba guiones radiofónicos y televisivos, en una desenfrenada producción creativa. Como actor participó en películas y ficciones televisivas… hasta que giró nuevamente el rumbo. Otra vez hacia la ciudad de Roma, otra vez a las calles italianas vendiendo artesanías y objetos para aliviar la carga de sus amigos romanos. En sus viajes, antes de partir, dejaba siempre a mi cargo algunas de sus pertenencias y obras. “Tomá. Hacé lo que puedas con ellas” me decía. Sus artículos los publicamos entonces en algunas revistas. Entre ese material de archivo, aún conservo tres de sus traducciones inéditas: Un  libro sobre Antonio Gransci, otro más antiguo de Rétif de la Bretonne, “La Anti-Justine o Las delicias del amor”, el drama teatral “El gran camino” de August Strindberg, poesías y ensayos de autores italianos contemporáneos. Era sólo una parte de su capacidad de trabajo literario en su vieja máquina de escribir.
Ya no regresó. Por encargo suyo, vía postal, publicamos con Antonio Requeni su último libro de poemas “El sello en el pulgar” en 1999, hasta que, lejos de este “punto al sur”, muere sobre una cama de hospital en algún lugar de Italia. Sus amigos sólo sabemos que está sepultado en un  cementerio suburbano de Roma.

Seguramente una placa llevará su nombre y apellido, o tal vez el olvido cubra de césped su tumba. Pero algo siempre queda de los seres creativos. Después,  redescubrí, como un regreso en el tiempo, un cuadernillo-libro de Raúl con  poemas lunfardos bajo el título “La Tanga del Tango”. En su prólogo nos cuenta que ese título surgió al leer un poema del autor toscano Dino Campana con “reminiscencias argentino-porteñas”. De aquellos poemas del “gomía” Frocari, hemos elegido el que publicamos en esta página como testimonio “frate”. Para tenerlo nuevamente por un ratito más.

 

ESTE CANTO RANTIFUSO

Bato este canto rantifuso
pa´los pibes de hoy,
de la nueva camada.
Es un canto de zurda,
con la labia canera
de un porteño de mi tiempo.
Un canto frate,
un canto pa’pendejos
que llevan en la sangre
el lunfardaje.
Pa’los que al escuchar
un gotán de los de antes,
sienten que algo
les rajuña las verijas.
Pa’los que tienen
un cuore rante,
hijos del arrabal,
pura pulenta.
Pa’ellos esta tanga del tango
de los versos reos.
Les choco los cinco
y me los porto de laderos.

Raúl Frocari Rinaldi